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Cartas Circulares de Margarita a los Responsables y Almas Pequeñas del mundo
DECIMA CARTA CIRCULAR DE MARGARITA

A LA LEGION EN EL MUNDO

LA IGLESIA DE JESUCRISTO NO PERECERA

Mis queridas Pequeñas Almas:
Ruego con fervor al Espíritu Santo guíe mi mano para escribir esta carta dirigida a Ustedes por vuestra pequeña mamá. Y es en el nombre de Nuestro Señor, que he invocado, en el que me apoyo para dirigirme a quienes amo con todo mi corazón.
Tengo plena confianza del humano combate que Jesús quiere de cada uno de nosotros para mantener una plena confianza en el valor del Divino Amor, viviendo intensamente en el corazón de todas las pequeñas que somos. El niño pequeño espera todo de Aquel que combate con él. Así somos, no seres infantiles, sino almas conducidas por el Buen Dios con siempre más certeza de la victoria, si nos abandonamos al Amor Misericordioso.
En los dolorosos tiempos que vivimos actualmente, Jesús está más adentro de nuestro ser, podremos marchar solos. Nuestra debilidad humana debe ser corregida. Sin ello, Dios sabe dónde esta debilidad humana debe ser corregida. Sin ello, Dios sabe donde esta debilidad puede conducirnos. Y es tan cierto que somos bien capaces de olvidar las bondades que Jesús nos ha prodigado. Es por esto, mis queridas pequeñas almas, que no olviden nunca de recurrir al Espíritu Santo en todas sus acciones.
Lo que asusta, puedo decirlo, es la debilidad de nuestra alma de olvidarse de los dones recibidos con tanta facilidad, que es necesario creer realmente en el Amor Misericordioso para no caer en el orgullo del hombre que cree podérsela solo.
La humildad es una gran desconfianza por nuestras faltas. Hay que adquirirla, si queremos ser realmente pequeñas almas. Mis pequeños hijos, me gustaría encontrar en cada uno de ustedes esta humildad, esta dulzura de Dios, este amor al prójimo. Pero desgraciadamente, pienso que ustedes, así como yo, se sienten perdidos en un mundo enloquecido; y yo les recomiendo: oren, oren, sin cesar a este Dios de Amor a Quien se olvida demasiado.

La confianza, con nuestras debilidades tan a menudo repetidas, hará que nuestra pobre alma llegará, creanlo, a no extrañarse más de nuestras miserias.Verse tan pequeños, tan humillados, delante de Jesús, debe provocar una gran alegría en nosotros. Débiles, pequeños delante de El, pero firmemente conscientes que siempre El nos amará. ¡Así al fondo de nuestras almas encontraremos fácilmente la cima de una confianza inquebrantable que se convertirá en gozo!
Para cumplir la Santa Voluntad de Dios, El debe darnos la fuerza y el coraje, y sé que el Señor es fiel a sus promesas. En el Evangelio, El nos lo ha prometido, y El nos pide no dudar de su Palabra, obligación que se ha impuesto y que siempre será infalible.
Quiero haceros compartir el reconocimiento que yo le debo y que todos nosotros le debemos. Mis hijos, preparémonos a recibir sus dones, en una santa impaciencia de su venida sobre esta tierra de angustias, de lágrimas, de sufrimientos.
Les pido, con todo el amor de mi corazón que Jesús me ha dado por cada uno de ustedes, de ser fiel a la Iglesia de Jesucristo, a su representante, nuestro bienamado Juan Pablo II. El Papa sufre, pequeñas almas, ¡suframos con él! Porque en él y en cada uno de nosotros es Jesús que sufre y llora los pecados del mundo. Nuestra fidelidad al Santo Padre tocará el corazón de Dios.
¡La Iglesia! ¡Su Iglesia sufre! Es una pequeña llama vacilante, pero la confianza nos dice: ¡Ella no perecerá! Esas son las palabras de Jesús y es su Iglesia. No es la Iglesia de los hombres.
Amémonos los unos a los otros, y la pequeña llama pasará a ser Llama viva de Amor en el corazón de los hombres.

Margarita.-