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Cartas Circulares de Margarita a los Responsables y Almas Pequeñas del mundo
DECIMOCUARTA CARTA CIRCULAR DE MARGARITA

A LA LEGION EN EL MUNDO

CUANDO LOS HOMBRES SEAN BUENOS YA NO SUFRIRE EN ELLOS

Mis queridas Pequeñas Almas, con el querido Padre Hugo:
Deseo verdaderamente estar en medio de vosotros durante su próximo encuentro nacional de Chile. Habéis deseado también un escrito de vuestra pequeña mamá de Bélgica. Dejadme entregaros mis más fervientes deseos para una buena y Santa Navidad. El Pequeño Jesús viene a daros su sonrisa de Pequeño Rey de Amor. El os conoce a cada uno de vosotros por su nombre y vuestra generosidad para la Obra de su Amor Misericordioso, más en este momento en que va a nacer. El sabe desde ya que su Nacimiento Glorioso hace de vosotros todos los hijos queridos de su Santísimo Corazón. Mi querido Padre Espiritual, así como las queridas y generosas Pequeñas Almas de Chevremont les desean una buena, feliz y santa Navidad. Que 1997 que se anuncia, sea para cada uno de vosotros un año de gracia, de luz y de fecundo apostolado al servicio del Amor Misericordioso.
Yo os amo, mis pequeños hijos, rezad por mí, así como yo lo hago por vosotros. Todos vosotros estáis en la pequeña llama viva del amor que arde a los pies de Jesús y de María en mi pequeño oratorio.

Y puesto, que me habéis pedido que os escriba, me siento impulsada a haceros comprender mejor el valor de la Cruz. Es un tema que puede sorprender en estos días de alegría: Navidad, la Infancia y luego la Cruz. Son realmente dos temas que parecen contrariarse, pero es, sin embargo, lo que espera a Jesús más tarde, cuando su hora habrá llegado.
He aquí lo que el Señor me hace comprender. Un día he comprendido por una visión interior que la Cruz que veneraba desde hace años tomaba de pronto otro sentido ante mis ojos y lo que no había comprendido todavía era realmente una atroz realidad. Veía en mi corazón a Jesús en el Huerto de los olivos y me preguntaba mirando a Jesús llorar, ¿por qué este sudor de Sangre? ¿Por qué Jesús tenía tanto miedo? ¿Por qué estas lágrimas? Desde siempre, me decía: El ha dado su vida para rescatarnos. El ha dicho a su Padre: "No se haga lo que yo quiero, sino lo que Tú quieres". Ea su FIAT a su Padre. Nosotros éramos su herencia y El venía a salvarla.
En mi pensamiento, había todas esas innumerables cruces levantadas al lado de la suya, parecidas a la suyA, , donde agonizaban como El, unos hombres humanamente parecidos a El. Y yo me decía: Es cierto, pero con la diferencia que Jesús era Hijo de Dios y que podía no aceptar de morir por amor a nosotros. Y es así que los cristianos consideran todo esto como simple verdad.
Pero he comprendido que pocas almas van más allá a buscar una verdad mucho más profunda que ellos no piensan. Es así que los hombres no han comprendido el sentido de los que fue la Cruz para Jesús. La gracia de comprender, que me fue otorgada en la Misa del miércoles en el Centro ha sumergido mi alma toda entera en el Gran Misterio de lo que fue la Crucifixión de Jesús. Entonces he llorado.

No es la Cruz en sí misma que ha hecho temer a Jesús. Ella no era más que un complemento, doloroso seguramente a su humanidad, de una Verdad a saber.¡Siendo Hombre El lo ha sufrido, es cierto! El se ha visto extendido sobre este madero, pero El era capaz de soportar este martirio sin sudar sangre. ¡Ahora lo entiendo, y es terrible! Es por eso que quiero que las almas estén conscientes de lo que la Cruz representaba para Jesús.
El verdadero sufrimiento, aquel ante el cual caigo de rodillas, era 2000 años, y quizás más, de pecados adheridos a esta Cruz, que El debía arrastrar hasta el Gólgota y que se la han hecho insostenible a nuestro Dulce Salvador, y que han hecho, esta Cruz, no parecida a las otras. ¡2.000 años de sacrilegios, de los pecados más horribles unos que otros, de rebeliones contra Dios! ¡Sí! 2.000 años de pecados, y quizás más, han sobrecargado desmesuradamente la Cruz que El debía llevar. El lo sabía. De ahí estas lágrimas de sangre. Es a ese precio que el Cordero de Dios ha querido borrar los pecados del mundo.
La Cruz tan cruel, tan dura para su pobre cuerpo, martirizado por los golpes recibidos, era no obstante, para El, una herida menor. Su Alma en la agonía, era en la Visión, responsable del sudor de sangre en el Huerto de los Olivos. ¡Esta visión no lo ha abandonado durante su Pasión hasta el último grito de su Padre!
Todos aquí <somos responsables>, hoy en día todavía, de este Calvario, pues lo son nuestros pecados, que siempre existen, que hacen que el Amor esté siempre en forma de Cruz
¡El Amor que tan a menudo no encuentra sino una incomprensión cruel de los hijos que El quiere todavía salvar!

Y en nuestros días por desgracia, la Cruz Dolorosa se extiende sobre la Humanidad que debe comprender que su vida aquí abajo no tiene más que un tiempo y que su salvación está solamente en el arrepentimiento de sus faltas. La Cruz está plantada en cada alma por el sufrimiento de un mundo que no reconoce a su Dios. Ella hace doblegarse los corazones rebeldes a su Ley de Amor. Ella continuará hasta que el Hombre no grite en su angustia y en su desesperación hacia su Señor. Sin esto el Amor permanece impotente para salvarnos. ¿No nos ha dado a todos la libertad de elección? Jesús tiene respeto de su Palabra
¿Oh, pobre mundo, si tú supieras! Sin embargo, un día tu gritarás¡"Abba Padre, ven a salvarnos"! es entonces que El deberá sufrir una crucifixión purificadora antes de conocer por fin una era de prosperidad, de felicidad, en la Paz entre los hombres. Es necesario comprender que la Cruz de Jesús permanece plantada en el corazón de los hombres, que Ella hace mal a cada uno. Y Jesús ha conocido y conoce todavía nuestro sufrimiento, amplificado por el dolor de la Crucifixión.
Os he dicho todo esto, mis queridas Pequeñas Almas, bajo el movimiento del Espíritu Santo, para que comprendais la necesidad vital para nuestras almas de llegar a ser un poco más buenas cada día. ¡Con la ayuda de Dios es posible! Y la Cruz, dulcemente, sin hacer demasiado daño, se retirará de nuestro corazón. Y seremos salvados. Y Jesús parece decir. Cuando los hombres lleguen a ser sabios. Yo no sufriré en ellos.


Margarita.





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